Lago de Maracaibo Descubrimiento

Lago de Maracaibo Descubrimiento

(Año 1499)

                                                                                                     Ernesto García Mac Gregor 

Los viajes menores y los intentos de poblamiento

Siguiendo la huella de Colón, muchos marinos se lanzaron en la carrera de los viajes llamados menores cuya finalidad era la exploración y posterior poblamiento del territorio descubierto por el Almirante en su tercer viaje. Entre estas excursiones se cuentan la del trío formado por Alonso de Ojeda, Américo Vespucio y Juan de la Cosa (1499) descubridores del golfo de Venezuela y lago de Maracaibo; la de Pedro Niño y Cristóbal Guerra (Cumaná, Margarita, 1499), la de Vicente Yáñez de Pinzón (río Amazonas y Orinoco, 1499), la de Diego de Lepe (Brasil y Trinidad, 1499) y la de Rodrigo de Bastidas (1501, Colombia) (1).

Comienza la historia escrita del Zulia

La historia escrita del Zulia comienza con el descubrimiento del lago de Maracaibo por Alonso de Ojeda. Como se mencionó con anterioridad, Ojeda había acompañado a Cristóbal Colón en su segundo viaje al nuevo mundo, pero en esta ocasión navegó por cuenta propia en compañía de Juan de la Cosa y del italiano Américo Vespucio, ambos, afortunadamente, provenientes de una cultura post medieval .

Alonso de Ojeda

Ojeda nació en Cuenca, España, cerca de 1466, descendiente de familia hidalga, pero de pocos recursos; sin embargo, estaba muy bien relacionado. Fue empleado, paje y protegido de Luis de la Cerda, duque de Medinaceli por medio del cual tuvo acceso a la Corte y estableció con Colón una gran amistad. Peleó en la reconquista de Granada y luego acompañó al Almirante en su segundo viaje. Rompió con Colón y regresó a España para buscar el apoyo de su pariente el obispo-ministro Juan Rodríguez de Fonseca, encargado de los asuntos del Nuevo Mundo, con quien consiguió ante los reyes el permiso y los planos utilizados por Colón en su tercer viaje para así emprender sus propias aventuras exploradoras en América (44). Ojeda es el descubridor más importante después de Colón y el primer conquistador; fue el primero en realizar un continuado contacto con los pueblos aborígenes, desde la Península de Paria hasta el Cabo de la Vela, en la actual Colombia (2).

Hombre emprendedor y valiente, aunque se mostró cruel en diversas ocasiones. Era el primero en la pelea pero fuera de la lucha no mostró nunca la crueldad de otros descubridores. Pequeño de estatura, pero bien parecido; cara hermosa, ojos grandes y poseedor de una fuerza hercúlea. Ha sido confundido a veces con otro Alonso de Ojeda que en otras tierras descubiertas en Venezuela, dejó mal puesto su nombre por las fechorías cometidas (3). El descubridor fue familiar de fray Diego de Ojeda, poeta español, autor del célebre poema La Cristiada (1611) (4). También fue primo hermano de fray Alonso de Ojeda (Hojeda), dominico, que tuvo la dudosa gloria de ser uno de los primeros inquisidores y la influencia principal que movió a los soberanos católicos a adoptar la solución inquisitorial en España y sus dominios, en especial, para combatir a los judíos, musulmanes y otros impíos. Curiosamente, el inquisidor mayor, Tomás de Torquemada, era de ascendencia judía (5).

Ojeda y la devoción mariana

Relata Fernando Guerrero Matheus, que la devoción mariana de más antigua práctica religiosa en el Zulia es la de la Virgen del Carmen. Y no fueron misioneros propiamente quienes la trajeron a estas playas, como cabría pensarse. La trajo el propio Alonso de Ojeda quien siempre llevaba consigo un valioso escapulario de la imagen de su inquebrantable devoción. Esta circunstancia y el fervor del ilustre marino le ganaron el apelativo de Caballero de la Virgen. Nuestra Señora del Carmen es la patrona de la parroquia El Sagrario de la Iglesia Catedral y también de la Guarnición de Maracaibo. La imagen que actualmente se venera es mexicana y data de 1775 (6).

22 de agosto de 1499. Descubrimiento del Golfo de Coquivacoa (Venezuela)

Existe mucha controversia sobre las fechas y los diferentes viajes de Ojeda, pero por razones prácticas, en este libro se ha optado por la versión más conocida y popularmente aceptada. Ojeda recorrió toda la costa de Venezuela partiendo desde el Esequibo y el 22 de agosto de 1499, descubrió el Golfo de Venezuela “En la costa Este se detuvieron frente a un caserío de 20 casas, levantadas sobre estacas clavadas dentro del agua” (3).

Los palafitos y la pequeña Venecia. El origen del nombre de Venezuela

“Bajamos a tierra en un puerto donde encontramos una población edificada sobre el agua como Venecia”, escribió Vespucio en un compendio sobre sus viajes (3). Sin embargo, la versión atribuida al navegante, referente a que el nombre de Venezuela proviene de “pequeña Venecia” ha sido cuestionada. Vespucio no mencionó la palabra Venezuela o “pequeña Venecia” en sus cartas (7). Otra versión es la de Martín Fernández de Enciso, compañero del cartógrafo Juan de La Cosa, quien en 1519, publicó en Sevilla su obra Suma de Geografía, donde describe las costas de Venezuela y explica que “(…) encima de una peña ‘isla’, está un lugar de casas de indios que se llama Veneçuela” (8). Este libro editado por el alemán Jacobo Cromberger, obra honrada con un privilegio real otorgado en Zaragoza el 5 de septiembre de 1518, permite concluir que Veneçuela o Veneciuela sería el verdadero y único origen del nombre real del país y no, las expresiones de Américo Vespucio.

También Juan de La Cosa publicó un mapamundi (1500) con el nombre de Veneçuela colocado sobre la costa de Coquivacoa, para así señalar el territorio ubicado entre las penínsulas de Paraguaná y de la Guajira (Coquivacoa). Es el primer testimonio cartográfico de lo que sería el topónimo nacional y tiene la categoría de ser el mapa de América más antiguo que se conserva (9). Sobre este aspecto es necesario destacar que la costumbre de los conquistadores era usar los nombres que los locales le daban a los lugares que habitaban, a los que adaptaban fonéticamente de acuerdo a las normas del idioma castellano.

24 de agosto de 1499. Descubrimiento del Lago de Maracaibo

Estando en el golfo, llegaron a saber que un poco más adelante, entre dos islas  había un paso que conducía a un gran lago. Se admiró Ojeda de que sus costas no se unían, sino que más bien se abrían y las aguas seguían por un canal estrecho y poco profundo hacia un inmenso lago, con una barra peligrosísima, pues la línea blanca de las olas que allí se estrellaban, denotaba la poca profundidad. El 24 de agosto de 1499, la expedición de cuatro naves penetró en la inmensa laguna que Ojeda denominó San Bartolomé y que era conocida por los indígenas como laguna de Maracaibo (3, 10). Algunos investigadores opinan que Ojeda no pasó del Golfo en su primer viaje y que el descubrimiento del Lago se llevó a cabo en el segundo de sus periplos (11). Lo cierto es que el territorio del área lacustre no fue explorado el mismo día del descubrimiento del Lago. Se dice que el mapa de Juan de la Cosa donde está dibujado lo que parece ser el río Zulia, fue basado en información indígena porque según algunos investigadores “es evidente que Ojeda, Cosa y Vespucio no penetraron en el interior del lago” (9, 11). Según otras fuentes, Ojeda, recorrió lo que hoy constituye Maracaibo y la Cañada de Urdaneta, pero más con el ánimo de buscar salida a otros mares (el llamado secreto de Maracaibo) que con el deseo de descubrir nuevas tierras.

El primer encuentro belicoso en el Golfo

Según narra el florentino Vespucio, cuando Ojeda llegó a la isla de Zapara, los nativos enviaron a sus barcos 16 doncellas de gran belleza como anzuelo en un ingenioso ardid que les costó muy caro. Sin causa aparente o por la lujuriosa actitud de los marinos, las indias viejas que se quedaron en la isla comenzaron a dar grandes alaridos y las 16 doncellas se lanzaron al agua desde las embarcaciones, nadando hacia la orilla. De pronto, centenares de aborígenes comenzaron a disparar flechas contra los hispanos que no salían de su asombro por el cambio brusco de actitud. Ojeda ordenó repeler el ataque y más de veinte indios cayeron víctimas de lanzas y arcabuces. Los marinos bajaron a tierra, mientras los indios se internaron en la selva de mangle. Al día siguiente, los nativos regresaron sin muestra de hostilidades (3). Vespucio, buen burgués toscano, amante del vino y de las mujeres, estaba encantado con los manjares y las bellas doncellas. Así estuvieron nueve días de farra como en el paraíso terrenal. El italiano ya no suspiraba su nostalgia por Florencia. Los barbudos se trajeron consigo algunas de aquellas hermosísimas mujeres, una de las cuales, a quien dieron por nombre Isabel, se captó para siempre el amor de Ojeda (12). Sobre las cartas de Vespucio, sólo la primera se considera auténtica, en las otras (Cuatro Navegaciones) como la descrita, existe mucha fantasía (3). Lo mismo ocurrió con sus “cuatro viajes”.

En general, la conquista de la zona lacustre fue, como en el resto de América, una empresa con muchos fanáticos religiosos y bárbaros guerreros; y el indio fue masacrado y exterminado cuando no se plegaba a los designios de los conquistadores. Es parte de la propia historia de la humanidad.

El origen del nombre de Maracaibo

Ojeda en su segundo viaje en 1502 (ver capítulo siguiente) pudo entrar en más fácil comunicación con los naturales. Éstos, después de hacerse entender por diferentes medios, indicaron al señalar hacia el sur, que todas esas regiones eran dominio de un gran cacique de nombre Maracaibo, quien era señor y dueño de poblados y tierras (13). Posteriormente, cuando Alfinger funda la ciudad en 1529, lo hace al lado de un pueblo que los indígenas llamaban Maracaibo. Este poblado de indios está registrado en el famoso mapa de Alonso de Chávez, levantado hacia 1525, antes de la llegada de Alfinger a las costas del Lago (14).

Las otras Maracaibo

La fábula sobre el cacique Mara según la cual, al caer herido en fiera batalla, un soldado español exclamó “Mara cayó… Mara cayó” y que por distorsión fonética dio origen a la palabra Maracaibo, es sólo una leyenda. Es interesante conocer que hacia el sur, en algún lugar de la antiguamente llamada Culata del Lago, existió otro vecindario aborigen, al cual los naturales llamaban también Maracaibo y que igualmente fue visitado por Alfinger. En las crónicas de Esteban Martín, compañero de Alfinger, éste escribe “(…) nos llevó a un pueblo que se llamaba Maracaibo y de allí, al fin, logramos regresar a la Maracaibo del Coquivacoa” (3, 15).

Según autoridades en etnología, el vocablo en lengua guaraní, predominante entonces en estas tierras, está formado por mara, que significa garra, y caybo, que quiere decir tigre (garra de tigre) (16). Según otros, significa “lugar donde abundan las serpientes cascabel” (2). El 24 de diciembre de 1543, en la Real Cédula Nº 154, el nombre de “Maracaybo” apareció escrito oficialmente y por primera vez con “i” latina.

El indio Mara o Cacique Maracaibo

La mayoría de los historiadores están de acuerdo en que el indio Mara no existió con ese nombre, ya que no fue mencionado por ninguno de los cronistas de la época; probablemente se trató del cacique llamado Maracaibo ya aludido (2, 13). Sin embargo, no se puede negar que el término Mara ha formado parte del acervo heroico del pueblo zuliano y hasta un municipio del estado Zulia lleva su nombre. Mara en voz de origen caribe con que se denomina un tipo de árbol y una especie de canasto.

Monumento al Indio Mara

En 1949, al cumplirse los 450 años del descubrimiento del Lago de Maracaibo se construyó una plaza dedicada al Indio Mara en la avenida 5 de julio sector “El Paraíso” de esta ciudad que fue costeada en su totalidad por las compañías petroleras (extranjeras) que operaban en el Zulia. El escultor fue el español Antonio Rodríguez del Villar. Se dice que sirvió de modelo para las figuras indígenas, Flor Enmanuel de Paz, mestiza descendiente de corsos y guajiros, reina de la agricultura (1943) que compitió en este certamen con Menca de Leoni quien llegaría a ser primera dama del país (17). La plaza fue remodelada en 1992.

La desnudez de los indios del lago de Maracaibo

Casi todos los cronistas de la época reconocen la completa desnudez de los indios que vivían en la zona del Lago hasta la Guajira y montañas andinas (3). “La gente que habita en la Laguna trae sus vergüenzas de fuera” narra el cronista Oviedo y Baños (18). Otros mencionan que se cubrían con sólo un hilo (19). Lo cierto es que en 1600, una Real Cédula estableció para los indios la obligación de cubrirse el sexo (20). Como diría Enmanuelle Arsan: “toda vestimenta es un ultraje a la naturaleza si no ha sido concebida a la gloria de la desnudez” (21).

¿Y la manta guajira?

De origen incierto pero probablemente comenzaron a elaborarse con la llegada de los españoles, según algunos, como imitación de la sotana de los misioneros. Lo cierto es que en la región había mucho algodón y tinturas (116). Refiere Vespucio en su primer encuentro con un poblado en el Golfo: “(…) habéis de saber que en todas partes donde saltamos a tierra, encontramos gran cantidad de algodón, y los campos llenos de plantas de él, tanto que en esos lugares se podían llenar cuantas carabelas y navíos hay en el mundo con algodón y brasil” (3). Ya para 1739, los cronistas describen a la manta guajira como hecha de algodón, teñida de pardo con una rotura en el medio para introducir la cabeza (22). Antiguamente tanto hombres como mujeres se pintaban la cara, en la actualidad la mayoría de hombres ya no se colorean (23). El término onoto, con que también se conoce al guajiro, proviene de la costumbre de pintarse la cara con onoto. El onoto, conocido como achote, es un árbol medicinal Bixa orellana de la región (24).

La belleza de la india de Coquivacoa

La mayoría de los primeros cronistas situaban a las indias más bellas en Maracaibo, La Guajira o Punta de Vela y repetían que las indias de Coquivacoa, eran en efecto las más hermosas que habían visto en tierras descubiertas (3).

Alonso de Ojeda y la india Isabel

Como se narró con anterioridad, Ojeda se enamoró con gran pasión de la hija de un cacique de la región. Bautizada con el nombre de Isabel (por Isabel la reina de España y por la novia que tuvo de apellido Herboso), se casó y procreó tres hijos legítimos (2, 3). Se cuenta que era alta, de porte distinguidísimo, de suave color trigueño, inteligente y graciosa. Isabel, quien probablemente era guajira (paraujana) o por lo menos arahuaca, estuvo en la Corte española; “Allí, él la cubrió de sedas costosas y la hizo trocar su desnudez por el traje de las mujeres europeas”. “Usaba la célebre mantilla con mucho donaire, que daba gran realce a su bella figura, y de mantilla la vieron todavía en Santo Domingo cuando allí vivió con Ojeda”. Se trata, de la primera zuliana, de la primera venezolana y de la primera americana, en casarse con un conquistador y visitar las cortes españolas. Dondequiera que estuvo el gran conquistador, allí estuvo ella, la princesa guajira del Coquivacoa, amorosa, plena de belleza y de amor, la india admirable, endulzando la vida aventurera del amado extraordinario (6); sirviendo de intérprete con las diversas tribus y hasta librándolo de la muerte en dos ocasiones (3).

Ojeda se retiró a Santo Domingo con su familia donde vivieron felices. Por expresa voluntad de Ojeda, sus restos fueron enterrados en el piso de la entrada principal del templo del antiguo Monasterio de San Francisco construido en 1505, para que cuantos entraran o salieran del templo hollaran su tumba a toda hora, esperando que así fueran perdonados sus pecados capitales, que según el mismo decía en su testamento, eran la soberbia y el orgullo (6).

Después de la muerte del explorador ocurrida a principios de 1514, la hermosa y por siempre fiel Isabel acudía diariamente a visitar el sepulcro de su esposo situado en el Monasterio de los Franciscanos. Solía tenderse a llorar sobre la tumba, hasta que un día, los frailes observaron que permanecía mucho tiempo acostada sobre el sitio y al tratar de levantarla, se dieron cuenta que había fallecido (6).

Destino Final de los restos de Alonso de Ojeda

Según información aportada por el historiador General Eumenes Fuguet Borregales. Los restos de Ojeda fueron trasladados en 1892 al Convento Dominico (25) debido a que la catedral de San Francisco estaba en ruinas. En 1942 la referida catedral fue restaurada y los restos regresaron a su lugar de origen (26). En diciembre de 1981 fueron entregados al párroco Fernando Campo del Pozo por gestiones de la Cancillería venezolana y trasladados a Venezuela, donde permanecen en Ciudad Ojeda (ver Resto de Alonso de Ojeda en este blog).

Plaza Alonso de Ojeda

El 24 de agosto de 1949, día conmemorativo del trisesquicentenario del descubrimiento del Lago, se inauguró en la “carretera Unión” de la ciudad de Maracaibo, la plaza Alonso de Ojeda, que contiene en su centro una réplica del arco de entrada (en ruinas) del Monasterio de los Franciscanos en Santo Domingo, República Dominicana, sitio donde reposan las cenizas del ilustre descubridor y de su fiel esposa. También se encontraba en el sitio la escultura yaciente, al tamaño natural en mármol blanco de Isabel sobre la tumba. Esta imagen fue trasladada a la Dirección de Cultura en la avenida El Milagro. En el año 2004, la plaza fue remodelada y se colocó otra escultura yaciente de cobre. Según Carlos Medina Chirinos, el 24 de agosto de 1916, el Zulia le erigió el primer busto (en bronce y fundido en Maracaibo) a este conquistador (27). (Ver Restos de Alon.so de Ojeda en este blog).

El mestizaje latinoamericano nació en esta tierra del sol ama

Los tres hijos habidos de la unión de Alonso de Ojeda e Isabel, históricamente representan los primeros mestizos legitimados de origen latinoamericano (2). Mestizaje éste que nació en el Lago de Maracaibo y no en el México de la Conquista, con Hernán Cortés y la india Malinche, como generalmente se ha dicho (17). La Malinche fue  amante de Cortés y dio a luz a Martín Cortés en 1522, dos décadas después de la aventura de Ojeda (28). Por su parte, los hijos de Ojeda e Isabel, comenta un historiador, se perdieron para la historia, en forma que puede decirse que ningún descendiente sobrevivió a la heroica inmortal pareja (6).

 

BIBLiOGRAFÍA

 

  1. Morón, Guillermo. Historia de Venezuela. 5 tomos.  EE.UU. 1980.
  2. Gómez Espinoza, Antonio. Historia fundamental del Zulia. 3 Tomos. Corpozulia. Maracaibo 1992.
  3. Rosenblat, Ángel. El hispanoamericano y el trabajo. Monte Ávila. Caracas 1986.
  4. Diccionario Enciclopédico Salvat. Editorial Orinoco. Caracas. 1955.
  5. Netanyahu, Benzion. Los orígenes de laInquisición. Editorial Crítica. Barcelona España. 1999.
  6. Guerrero Matheus, Fernando. En la ciudad y el tiempo. Tipografía Excelsior. Maracaibo. 1970.
  7. Tejera, María Josefina. Venezuela, nombre de. En Diccionario de Historia de Venezuela. 2ª Edición. 4 tomos. Fundación Polar. Caracas. 1997.
  8. Nectario María, Hermano. Mapas y planos de Maracaibo y su región (1499-1820). Embajada de Venezuela. Madrid. 1973.
  9. López Bohórquez, Alí E. El descubrimiento del lago de Maracaibo como consecuencia del tercer viaje de Cristóbal Colón. En: El Lago de Maracaibo en la historia Nacional. Acervo Histórico del Estado Zulia. Maracaibo. 2003.
  10. Febres Cordero, Tulio. Obras completas. Tomo I. Décadas de la historia de Mérida. El derecho de Mérida a la costa sur del lago de Maracaibo. Ejecutivo del estado Mérida. Bogotá 1960.
  11. Amodio, Emanuele. El lago de Maracaibo en la cartografía y cronistas tempranos (1499-1540). En: El Lago de Maracaibo en la historia Nacional. Acervo Histórico del Estado Zulia. Maracaibo.2003.
  12. Tärre Murzi, Alfredo. Biografía de Maracaibo. Fundación Belloso. Maracaibo. Bodoni S.A. Barcelona, España. 1986.
  13. Adrianza, Hercolino. Dos nombres. (Zulia y Mara). Boletín del Centro Histórico del Zulia. Vol. 4. Nº 13-16, Maracaibo. 1963.
  14. Arrieta, Orlando. Datos para la historia del Zulia. Gobernación del Estado Zulia. Maracaibo. 1992.
  15. Nectario María, Hermano. Los orígenes de Maracaibo. Maracaibo: Universidad del Zulia, 1959.
  16. Pedro Simón, Fray. Noticias históricas de Venezuela. Ediciones de la Academia Nacional de Historia. Fuentes para la historia colonial de Venezuela. Caracas. Tomo 66 y 67. 1963.
  17. Hernández, Luis Guillermo y Parra, Jesús Ángel. Diccionario General del Zulia. 2 tomos. Banco Occidental de Descuento. Maracaibo. 1999.
  18. Oviedo y Baños, José de. Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela. Nueva York. 1940
  19. López de Gomara, Francisco. Historia general de las Indias. Iberia. Barcelona 1954.
  20. Barboza de la Torre, Pedro. Memorias del Zulia. Academia de Historia del estado Zulia. Maracaibo. Ars Gráfica. 2001.
  21. Verna, Paúl. El descubrimiento, el genocidio de los indios y Gibraltar, ciudad martirio de Venezuela. Italgráfica SA. Caracas 1995.
  22. Gómez Espinoza, Antonio. Imagen del Zulia. Colección Panorama General de Venezuela Tomo XXI. Maracaibo. 1989.
  23. Avendaño Lugo, José Ramón. El wayúu y la seguridad y defensa nacional. Editorial Sinamaica. Maracaibo. 1999.
  24. Belloso, Nerio. Medicina Aborigen Venezolana. Ediluz. Maracaibo.1997
  25. Revista Letras y Ciencias Nº 10, julio de 1982, Santo Domingo.
  26. Boletín del Archivo General de la Nación, octubre de 1942, República Dominicana.
  27. Medina Chirinos, Carlos. Por los vericuetos de la historia. Tipografía Excelsior. Maracaibo 1924.
  28. Díaz del Castillo, Bernal.Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España. Alianza Editorial. México. 1991.

 

 

Comments are closed.

Twitter Facebook Favorites
Best Verizon Cell Phone Deals and Plans | Thanks to CD Rates, Reverse Phone Lookup and Registry Software