Fundación de Maracaibo

FUNDACIÓN DE MARACAIBO

(1529-1562)

 Ernesto García Mac Gregor

 

Situación de nuestro territorio para la época.

En 1525, Rodrigo de Bastidas funda la ciudad de Santa Marta en la costa colombiana, iniciando un proceso de penetración que culminará con la creación de Bogotá en 1538. De manera similar, Alfinger (con la expedición de los Welser) comienza la penetración venezolana desde Coro (1527), funda a Maracaibo (1529) y sigue hacia Colombia en su búsqueda de una vía que lo comunique con el aún no descubierto océano Pacífico. Allí consigue  la  muerte en el intento (1533).

 

Ambrosio Alfinger

Ambrosio Alfinger nació en Ulm (Alemania) entre los años 1500 a 1505 y era hermano de Jorge y Enrique Ehinger a quienes se les entregó el territorio (1). Otros niegan esta afinidad y aseguran que el verdadero apellido era Talfinger (2). Fue agente de los Welser en Sevilla (1525) y más tarde en Santo Domingo (1526). Después del contrato con los banqueros (27 de marzo de 1528), fue nombrado primer Gobernador y Capitán General de Venezuela. Una vez cumplido todos los requisitos llegó a Coro a posesionarse del gobierno de Venezuela.

Ambrosio (Cabimas), Santa Rita y Los Puertos de Altagracia

Desde la ciudad de Coro, Alfinger siguió por tierra caminando a través de vegetación xerófila y arenas calientes. Se dice que pasó por la población de Ambrosio, hoy parroquia del municipio Cabimas y que de allí deriva el nombre del lugar (2). Según el cronista de Santa Rita, Dr. Vinicio Nava Urribarrí, cuando Alfinger llegó a Punta Camacho (situado hoy en el municipio Santa Rita), dejó a un grupo de españoles que construyó varias casas, pero ante el ataque de los indios desistió de su empeño. La población de Santa Rita fue fundada oficialmente en 1790, en el mismo sitio donde ocurrieron los hechos narrados (3). El punto final del viaje desde Coro para pasar el Lago y llegar a la futura Maracaibo era el puerto de La Empalizada que hoy se conoce como Los Puertos de Altagracia, población fundada oficialmente en 1600 (4, 5, 6). Sin embargo, según Pedro Guzmán, esta última población fue fundada por Juan Pacheco Maldonado (7).

8 de septiembre de 1529. Fundación de Maracaibo por Ambrosio Alfinger

De los Puertos de Altagracia atravesó el Lago en los cayucos que pudo recoger y en los cuales si apenas cabía un guerrero y dos remeros; también en canoas hechas de ceiba que hizo construir rápidamente (8). El 8 de septiembre de 1529, sin mucho festejo fundó el poblado que denominó Villa de Maracaibo. Algunos opinan que ni nombre le otorgó, sino que dejó que lo llamasen Maracaibo, como los indios denominaban a la colindante ranchería. También resulta extraño que Alfinger guardara silencio sobre esta fundación durante un tiempo (9).

“Fundó el poblado en una sabana junto a la laguna, al lado de una salina muy buena (futuro barrio El Saladillo), con indios que no sembraban por lo estéril de la tierra y sólo se dedicaban a la pesca con redes y anzuelo”. Nombró a Juan Carvajal como repartidor de tierras (quien sería posteriormente ahorcado por sus crímenes contra los indios), y a Luis González de Leiva como primer teniente de gobernador de Maracaibo (8). También se menciona al capitán Francisco de Santa Cruz y al capitán Fernando de Beteta (1, 10).

Se sabe que mandó a talar gran cantidad de árboles (probablemente arbustos o mangle) para edificar ese asiento que, en su espíritu, no podía ser sino provisional, pues el gran deseo de todos los que lo acompañaban era irse rápidamente tras aventuradas correrías en busca de El Dorado (11) y de la añorada salida al océano (Pacífico) que lo llevaría a las verdaderas Indias. Como no consiguió las perlas y el oro que buscaba, dejó a unos moradores en Maracaibo y siguió hacia Río Hacha, donde los indios si portaban collares con metales preciosos. Allí los mataba y les arrebataba las pepitas de oro. Desde los tiempos de Alonso de Ojeda era conocido que los indios del Lago compraban producto a los indígenas de la Sierra de Santa Marta, entre otras cosas, aretes y adornos de oro lo cual hacía pensar que muy cerca quedaba el legendario El Dorado (12).

Maracaibo la inhóspita

En la fundación de Maracaibo los conquistadores ignoraron por completo las reglas  más elementales de previsión urbanística tan cuidadosamente observadas en otros establecimientos de su índole en el país y en el continente (13). Muchos son los cronistas de la época que se preguntan ¿cómo pudieron fundar un poblado en área tan árida, sin ríos ni fuentes de agua potable en muchas leguas a la redonda? En 1546, señala Juan Pérez de Tolosa: “No hay río ninguno en aquellas diez leguas, por lo que los españoles no sembraron, y se sustentaban de los mantenimientos que se traían en barcos y bergantines” (14). Rodrigo de Argüelles afirmaba: “(…) no hay ríos ni fuentes en ocho leguas a su alrededor” (15).

Pero probablemente la fundación de Maracaibo obedeció a urgencias conflictivas, a exigencias perentorias del fundador. Los conquistadores necesitaban con premura un centro de operaciones desde donde dirigir sus correrías a otros lugares como Pamplona y conseguir quizás, el siempre buscado El Dorado. Sin embargo, y a pesar de la aridez, Maracaibo y sus alrededores se transformarán en sitio de abundantes árboles frutales.

Localización de las Maracaibo

Sobre el sitio exacto de las tres poblaciones de Maracaibo, existe mucha controversia. Las localizaciones más manejadas son. Para la población de Alfinger existen tres versiones: Salina Ancha, situada cerca de la actual Basílica de Chiquinquirá (El Saladillo); La Ranchería, al final de Los Haticos (3) y sobre “la laja”  en Punta Arrieta (16).

La laja es una enorme piedra que se cree viene desde la Guajira, imperceptible atraviesa la vieja ciudad por varias de sus calles y penetra al Lago donde se pierde. Fue dinamitada para darle profundidad al puerto (17).

Para la repoblación de Alonso Pacheco se manejan dos sitios: Cotorrera en la avenida El Milagro o Punta Arrieta. Pedro Maldonado probablemente ocupó el mismo sitio dejado por Pacheco (3, 13).

Errores y controversias sobre la fecha de fundación de Maracaibo

Durante mucho tiempo, Maracaibo celebró el 20 de enero de 1571, como momento histórico de su instauración por considerar que en esa fecha, Alonso Pacheco había fundado la ciudad. Este error en la data, que perduró hasta 1965, se debió a la mala información aportada por uno de los primeros cronistas coloniales de Venezuela, José Oviedo y Baños (1671-1738) (10), controversia que ya había sido comentada en 1929, por el historiador trujillano Mario Briceño Iragorry (1895-1958) (18). El Hermano salesiano Nectario María (Luis Alfredo Pratlong Bonicet, (Francia 1888 – Caracas 1986) realizó investigaciones en el Archivo General de Indias (1955) y aclaró que esa fecha no correspondía a la fundación de la ciudad (11). Lo que ocurrió fue que Alfinger, a su llegada a Maracaibo el 8 de septiembre de 1529, ofreció la paz a los indios y proclamó a San Sebastián (cuya festividad es el 20 de enero) patrono del nuevo poblado. Este es el origen de la confusión con la fecha del 20 de enero (11, 19). Por otra parte, después se estableció que Pacheco había fundado la ciudad en 1569 y no en 1571 (11).

Otro tema candente que perduró por muchos años, fue la no-aceptación de la Maracaibo de Alfinger como la primera población, por no poseer ésta un cabildo formal y por depender directamente de Coro. Pero probablemente estas formalidades no eran de uso común en la tradición alemana de Alfinger, o no le interesaba al principio que hubiese cabildo que estorbase sus actuaciones (11). Lo cierto es que posteriormente, Maracaibo tuvo su cabildo y probó ser una ciudad y no una simple ranchería (13, 16).

La polémica sobre la fecha de la fundación y su verdadero fundador continuó hasta que el 24 de agosto de 1965, después de una exhaustiva investigación, el Centro de Historia del Zulia (hoy Academia de Historia) determinó en un simposio que el verdadero fundador de Maracaibo había sido Ambrosio Alfinger el 8 de septiembre de 1529 y refundadores de la ciudad: capitanes Alonso Pacheco en 1569 y Pedro Maldonado en 1574 (20). Sin embargo, por razones prácticas y de tradición, el “Cuatricentenario” de Maracaibo fue celebrado el 8 de septiembre de 1969. Ya que el “verdadero” cuatricentenario correspondiente a la fundación de Alfínger se había cumplido en 1929.

Múltiples fundaciones, repoblaciones o pacificaciones

Se trata más de un problema de semántica que de historia. Como se expuso con anterioridad, la fecha 8 de septiembre de 1529, y el fundador de Maracaibo Ambrosio Alfinger están bien establecidos. Lo de las “múltiples fundaciones o repoblaciones” de Maracaibo no es un caso único, también ocurrió con Mérida, Trujillo (llamada por esa razón ciudad portátil), Barquisimeto y muchas otras localidades. En muchos casos los diferentes sitios geográficos de fundación distaban muchos kilómetros entre sí y éste no fue el caso de Maracaibo que permaneció más o menos en el mismo espacio físico.

Maracaibo, fue la tercera ciudad fundada en Venezuela

Aún en los libros contemporáneos de historia de Venezuela se da como fecha de fundación de Maracaibo el año de 1569. El verdadero cronograma es como sigue: la primera población fundada en Venezuela fue Santa Cruz en 1502, situada en la Guajira cerca de Castilletes, por Alonso de Ojeda. Esta población de duración exigua no se menciona en los libros de historia y no es aceptada por los analistas como primera población. Posteriormente, Nueva Cádiz (Cubagua) en 1520, es tomada por los historiadores como la primera “verdadera” ciudad fundada en Venezuela cuando en realidad fue fundada en 1528 (21). Le sigue Coro (1527) y Maracaibo en 1529. Muy lejos continúa El Tocuyo 1545, Barquisimeto 1552, Valencia 1555, Mérida y Trujillo 1558, San Cristóbal 1561, Cumaná 1562, Caracas y La Asunción 1567 y Carora 1569. Haciendo abstracción de Santa Cruz y la mala interpretación de la fundación de Cubagua, el orden cronológico de poblaciones sería: Nueva Cádiz, Coro y Maracaibo.

San Sebastián, Patrono de Maracaibo

Como se mencionó, Alfinger proclamó a San Sebastián patrono del nuevo poblado, aunque otros le atribuyen el hecho a Alonso Pacheco (18). Es menester recalcar que Alfinger, no obstante provenir de tierras luteranas y que sus familiares brindaron apoyo a la Reforma, era un ferviente católico (19).  San Sebastián fue un fervoroso cristiano quien en el año 283 con el propósito de ayudar a los confesores y mártires cristianos  ingresó al ejército (sin despertar sospechas), al servicio del emperador romano. Luego y manteniendo su identidad secreta, se desempeñó como un centurión de la guardia pretoriana del temido emperador Diocleciano, uno de los peores aniquiladores de los seguidores de Cristo. Posteriormente, descubierto y denunciado como cristiano, se le entregó al cuerpo de arqueros para darle muerte. Los verdugos abandonaron su humanidad atravesada por las flechas, creyéndole muerto. El santo se recuperó de sus heridas y un día le echó en cara al emperador las abominables crueldades cometidas contra los cristianos. Ese lenguaje por parte de un hombre a quien todos creían muerto, dejó mudo de asombro, por un momento, al emperador; pero, una vez repuesto de su sorpresa, dio la orden de que acabaran con la vida de Sebastián a mazazos, y arrojaran sus restos en la fosa común. Su cuerpo fue trasladado a la Vía Apia donde hoy se levanta la basílica de San Sebastián. Es el patrono de los arqueros y de los soldados. Según Butler en su “Vida de los Santos”, la versión de las flechas es una fábula piadosa, inventada a fines de siglo V (20). Las festividades del santo se celebran el día 20 de enero de cada año. La imagen que se encuentra en la Catedral es probablemente del siglo XIX.

La fundación de Maracaibo y la leyenda de El Dorado

Como El Dorado se designó una región fabulosa que supuestamente albergaba extraordinarias riquezas y cuya situación geográfica variaba según la versión que de ella circulaba. El mito, nacido desde los inicios de la Conquista tuvo su auge en el siglo XVI, en plena época de la fundación de Maracaibo, pero perduró por más de doscientos años hasta la segunda mitad del siglo XVIII (23). El origen de la leyenda probablemente se debe al hecho que, el cacique de Guatavita se bañaba una vez al año (o todas las noches) en la laguna sagrada con el cuerpo recubierto de polvo de oro. Precisamente, en la laguna de Guatavita (situada a 43 kilómetros de la hoy Bogotá) los indígenas arrojaban imágenes de oro y riquezas inmensas, las cuales en parte fueron recuperadas por algunos conquistadores españoles, en los lugares que desecaron (24). Por esa razón, Alfinger estaba más interesado en conseguir las rutas que lo llevasen a ese El Dorado que en fundar a Maracaibo.

Pigmeos zulianos

A la búsqueda del codiciado El Dorado también se lanzaron Inglaterra, Holanda. Francia, Portugal y otros alemanes como Jorge Spira, Felipe de Hutten y Nicolás de Federman, éste último, sucesor de Alfinger, inventó la fábula sobre los pigmeos de un metro de estatura y de los perros y puercos “que tienen el ombligo en el espinazo” y que merodeaban por las costas de lo que hoy es el Zulia (9). También se refirió a los indios pigmeos del estado Lara. En 1971, se descubrió el cementerio de indígenas pigmeos en Quibor confirmando quizás las afirmaciones del teutón (25). Por su parte, los indígenas, ni cortos ni perezosos, apoyaban tales fantasías de los conquistadores enviándolos tierra adentro en varias direcciones con el objeto de  alejar a los invasores.

La persistencia de El Dorado

La otra región escogida para situar a ese paraíso terrenal fue la cuenca amazónica y del Orinoco donde se tejieron innumerables leyendas disparatadas y sin sentido, propias de mentes con residuos medioevales (24). Walter Raleigh (fundador de la colonia Virginia de Norte América) hizo tres viajes al Orinoco en busca del dichoso sitio.

Por desgracia, el síndrome de Cubagua y el mito de El Dorado nos han perseguido hasta pleno siglo XXI. Hoy seguimos creyendo todavía  que la riqueza no radica en el trabajo, sino en la suerte, el hallazgo fortuito y el reparto populista.

Los Primeros sacerdotes de Maracaibo

Juan Rodríguez de Robledo (1503-1570) es considerado el primer sacerdote de Maracaibo. Vino como capellán de Alfinger en 1529, y atendió los servicios religiosos de los maracaiberos (11) y aunque interfirió a favor del buen trato de los indígenas no logró sus objetivos. Lo sustituyó Jaime Varón alrededor de 1533, primer cura párroco que tuvo Maracaibo a quien se le atribuye la construcción de una primitiva iglesia (16). También el primer obispo de la Diócesis de Venezuela, Rodrigo de Bastidas, hijo del descubridor del mismo nombre, tuvo alguna relación directa con Maracaibo y la protección de los indios.

1530. Enfermedad de Alfinger

Testigos de la época aseguran que de los diez meses que Alfinger estuvo en tierras marabinas, siete los pasó enfermo (paludismo) (11, 26). Por eso regresó a Santo Domingo y ordenó “el traslado de sesenta hombres de a pie y de a caballo con mucho mantenimiento porque dejó a la gente (de Maracaibo) muy desnuda y necesitada” (14).

1531. Esclavitud de los indios de Maracaibo

Una vez recuperado regresó a Maracaibo el 9 de junio de 1531, con su médico personal, Hernán Pérez de la Muela. Nombró nuevo teniente de gobernador del poblado a Francisco Vanegas (se dice que sin título). Lo cierto es que éste se desempeñó como alcalde de la ciudad hasta 1535, pero sus desmanes y los de sus subordinados crearon una tirantez entre indios y cristianos que llevó al fracaso esta primera población. Por su parte, al constatar Alfinger los pocos beneficios económicos de sus incursiones, pensó que podría hacer buen negocio esclavizando y vendiendo indios (19). Es así como Luis González de Leiva esclavizó a más de 222 indios de pueblos amigos de los españoles, los llevó a Maracaibo y los herró en la barba con hierro candente para posteriormente ser vendidos en las factorías de los Welser (11). En los juicios de residencia de Alfinger, Federman y Vanegas, los cargos más graves son los relacionados con el maltrato y la exportación de esclavos desde Maracaibo hacia las Antillas (27). Ya esta práctica de la esclavitud de los indios había sido utilizada por Colón, Alonso de Ojeda, los colonos blancos de la región y los mismos indios entre sí. González de Leiva quiso fundar una ciudad llamada Ulma junto al río Limón pero no logró su objetivo.

1532. La aventura de Francisco Martín. El primer curandero europeo

Francisco Martín (no confundir con Esteban Martín) fue un soldado que acompañó a Alfinger en la fundación de Maracaibo y en las correrías que éste hizo por los alrededores incendiando y matando indios para robarles no sólo el oro sino todo lo que encontraba. Martín también formó parte del grupo de 25 hombres encargados de trasladar el botín de 110 kilos de oro obtenido en estas redadas a la ciudad de Coro (1532) “pero perdidos en la selva, enterraron el tesoro”. El cabecilla del grupo, teniente general Iñigo de Vasconia murió en este viaje. Después de muchos sinsabores Francisco Martín sobrevivió con tres compañeros quienes descuartizaron a un indio y se lo repartieron para comerlo. Debido a una gangrena en el pie, Martín fue abandonado no sin dejarle buena porción del indio para que pudiese subsistir. Posteriormente, fue rescatado o comprado por unos indígenas del sur del Lago (11) y vivió en un poblado llamado también Maracaibo. Allí aprendió medicina, considerándose como el primer curandero europeo, y se casó con la hija del cacique mayor con quien procreó tres hijos. Sin embargo, Martín era casado y tenía su mujer en el pueblo de Maracaibo español (28). Tres años transcurrieron; para entonces Alfinger había muerto a manos de los nativos, y los soldados sobrevivientes decidieron volver a Coro, pero perdidos en la selva se toparon con el pueblo indígena donde residía Martín. Éste salió al encuentro vestido a la usanza de los indios y los auxilió. Por dos veces se regresó a la tribu donde había dejado esposa e hijos, pero los españoles volvían a separarlo y por último lo enviaron a Nueva Granada donde no se supo más de él. De las diferentes versiones que existen sobre este relato parece que la más exacta es la correspondiente a Fernández de Oviedo (28). Esta aventura conocida como expedición a Pacabueyes fue recreada muy libremente en la producción cinematográfica nacional “Jericó”.

1533. Muerte de Alfinger

En varias expediciones sucesivas Alfinger volvió a Maracaibo, pero seguía en su incesante trajinar por todas las riberas del Lago. Nombró a Juan de Carvajal teniente de gobernador. Con los refuerzos recibidos de Esteban Martín cruzó el río Magdalena hasta que en territorio colombiano, fue cercado por los indios y herido en la garganta con flechas envenenadas. Murió en Chinácota cerca de la futura población de Pamplona el día 31 de mayo de 1533 (en plena juventud) después de cuatro días de agonía, (11). Esteban Martín había llegado a Coro con Juan de Ampíes, pero expulsado éste, se quedó con su amigo Alfinger de quien escribió todo este relato (11). Lo que quedaba de la expedición, después de toparse con Francisco Martín, regresó a Maracaibo el 20 de septiembre de 1533, y algunos se marcharon a Coro. A la muerte de Alfinger, el Cabildo nombró gobernador a Pedro de San Martín, encargado de vigilar los intereses reales y quien declararía en el juicio de residencia de Alfinger. Éste fue sustituido interinamente por el obispo Rodrigo de Bastidas y luego por Jorge Spira.

Alfinger el cruel

En el juicio de residencia que se le siguió al Gobernador después de su muerte, se le acusa de crímenes terribles contra los indios y su propia tropa. Más de diez testigos, incluyendo al padre Juan Rodríguez de Robledo, quien lo atendió espiritualmente en sus últimos momentos, afirman la veracidad de las imputaciones. Se le acusa de encadenar a los indios esclavos entre sí mediante collares en el cuello. Cuando alguno no podía avanzar por estar enfermo o agotado, en vez de abrir la argolla, se le cortaba la cabeza para no retrasar la marcha. De igual manera, secuestraba centenares de indios a los que encerraba en corrales altos, y los mantenía sin alimentos en espera de que sus parientes los canjearan por oro. La gran mayoría de estos infelices moría de hambre (11). Hasta a los españoles hijosdalgo, que por seculares prejuicios clasistas veían el trabajo manual como denigrante, los obligaba a realizar labores de peón. El castigo físico como sanción por cualquier nimiedad estaba en desproporción con la infracción cometida y hería profundamente el sentimiento de autoestima tan desarrollado en el hispano.

Algunos afirman que se tejió una especie de leyenda negra contra los Welser urdida por una parte, por los nobles de España que se vieron privados de la explotación de este territorio, y por el clero, que veía en cada alemán a un luterano (128). Pero el juicio de residencia contra Ambrosio Alfinger parece determinar todo lo contrario. Sin embargo, es bueno aclarar que los españoles fueron igualmente crueles.

1530. Capilla San José de la Matilla

Según información de origen no confirmado, en 1530, en el lugar conocido como Ancón Alto (vía La Cañada) se construyó el oratorio que fue preámbulo a la capilla San José de la Matilla (29). Posteriormente, una copia de un documento del 6 de abril de 1569 revela lo siguiente: “En nombre de la Santísima Trinidad y de la Real Audiencia de Santo Domingo, yo, Fernando de Serpa, en mi carácter de gobernador de la provincia de Nueva Andalucía (Cumaná), por orden de dicha Real Audiencia, se le concede al Sr. Claudio Menai, una extensión de terreno en la Villa de Maracaibo en el lugar denominado Ancón Alto y que para la misma se tomará como punto central el lugar donde se halla instalado el altar de San José de la Matilla” (29). Lo cierto es que esta capilla supuestamente relacionada con los franciscanos, no aparece mencionada en la historia de esta congregación (30, 31), ni tampoco en los censos de los oratorios realizados por el presbítero Domingo de Arrieta (32) o el obispo Martí en 1774 (33). La capilla toma notoriedad en 1925, después que se descubre el famoso arcón contentivos de 500 planos en una casa de la calle Ciencias.

Hasta mediados del siglo XX, estos terrenos pertenecían a la sucesión Jesús Rincón Larrazábal (13), luego estuvieron abandonados hasta que fueron adquiridos por el mecenas artístico Eugenio Di Loreto en 1972, quien junto con su esposa Blanca Cano de Di Loreto construyeron la capilla actual en 1977. La ermita, el hato, el bosque de jabillos y caobas, y el matapalo de 300 años de existencia forman un eco-museo que junto con los salones de pintura al aire libre ha transformado el sitio en un gran centro cultural.

 

1534. Orden de despoblar a Maracaibo

Las tribus vejadas estaban reaccionando agresivamente. La muerte de Alfinger fue un alerta. Las fuentes alimenticias provenientes de la zona indígena andina llamada Xuruara, (vocablo escrito de muchas maneras) que había sido descubierta por Pedro de San Martín se cerraron por completo. Estos suministros habían empezado a faltar hace un tiempo porque los alemanes los tomaban sin pagarlos (11). Maracaibo estaba en peligro y el hambre amenazaba de muerte a sus moradores. No quedó pueblo en 40 leguas a la redonda de donde se pudiese obtener alimento (11). Así lo comprendieron los alemanes y Jorge Spira ordenó a Nicolás de Federman que despoblara la ciudad (aunque no lo dijo expresamente) (9). Era el año 1534, cuando una Real Cédula autorizó mudar la villa de Maracaibo para otras tierras, “porque la población está continuamente atacada por los indios, porque el lugar no dispone de agua dulce y porque su vecindario permanece pequeño, casi todo de españoles”. Primero fueron trasladaos a Coro los enfermos, mujeres y niños. Sólo quedaron los hábiles para la guerra (11).

1535. Nuevo desalojo de Maracaibo

El 11 de mayo de 1535 Federman visita el Cabo de la Vela para fundar el pueblo Nuestra Señora de las Nieves, también conocida como Nuestra Señora de los Remedios (34) y siguiendo órdenes reales, de nuevo desaloja de la villa de Maracaibo a unos pobladores, con la esperanza de que después “despoblasen aquellos que habían decidido quedarse”. Antes de salir para el Cabo de la Vela ordenó el incendio de los tres barcos que quedaban en el puerto de Maracaibo. A su regreso a esta villa, que supuestamente había sido arrasada por los indios, Federman salió de apuros con el casco de una nave que logró rescatar y con la que pudo cruzar el lago; dejó a cinco soldados en espera de provisiones, pero los indios les dieron muerte (11). El 15 de junio de ese mismo año el sacerdote-obispo Rodrigo de Bastidas avisó a la Corona que cambiaba de residencia a Santo Domingo, por no poder vivir en Maracaibo, con los diezmos que recibía.

1536. Según fray Pedro de Aguado, en 1536, Maracaibo contaba con numerosas casas y pobladores castellanos y alemanes, que ejercían el comercio con los aborígenes quiriquires del sur y con los zaparas del norte (1). Para esa misma fecha, Alonso o Antonio de Chávez vino a Maracaibo a esperar al nuevo gobernador Federman, y junto con el para entonces gobernador de la ciudad, capitán Diego Martínez, acumuló provisiones de todas clases para la tropa (106). Ese año se emitió un documento en Maracaibo que fue empleado en el juicio de residencia de Federman (9).

1537. En 1537 un inspector de la Corona, enviado desde Coro constató que aún seguían poblando “los individuos que se habían negado a marcharse”. Por desgracia, no se conocen los nombres de estos obstinados maracaiberos (35).

 

¿DESPOBLACIÓN DE MARACAIBO?

Sobre la verdadera duración de la primera ciudad existe mucha controversia. Los cronistas de la época mencionan “varios años” pero sin especificar cuantos. Los siguientes documentos parecen confirmar la persistencia de Maracaibo en el tiempo.

1538.  Este año se descubren las perlas de la Guajira y la región lacustre toma auge de nuevo. Esta es la fecha tope que le da el historiador Guillermo Morón a la existencia de Maracaibo (9). 

1539. Este año el gobernador Jorge Spira envió desde Coro a Alonso Nava para aplicar un castigo a los indios Zaparas, por acciones inamistosas contra los españoles. Nava destruyó sus ranchos (36).

1540. Pedro de Limpia pasó por Maracaibo, y desde allí emprendió una fuerte recluta de indios para venderlos en los mercados de las islas del Caribe (19). Pedro de San Martín reapareció en la región del Lago, persiguió y secuestró varios indios y se los llevó para venderlos como esclavos en Coro.                                                                                                                                                                                                                                                              

1541. Esteban Martín, soldado de Alfinger, recorrió las costas del lago, matando y apresando indios para también venderlos como esclavos en Coro (19).

1545. Fin de los Welser

Este año el emperador Carlos V declaró sin efecto el contrato con los banqueros alemanes, debido a las quejas de maltrato y a la mala administración que realizaron. Un viajero italiano de apellido Cey que para esos tiempos recorría a Venezuela escribe la siguiente nota: “Esta provincia de Venezuela fue dada a los Welser para descubrir, los cuales han gastado en ellas 150 mil escudos y hoy está más pobre que nunca” (37). Los Welser perdieron más de 1.000 vidas europeas, en especial españolas; perdieron también casi todos sus gobernadores, y capitanes con excepción de Federman; y la mayoría de los 26 técnicos teutones que vinieron con Juan Alemán (Hans Seissenhofer) y que fueron destinados a Venezuela (11). Algunos murieron de forma violenta como Alfinger, Hutten, Bartolomé Welser y Ehinger, o de la malaria como Spira, Juan Alemán y Enrique Remboldt.

¿Descendientes zulianos de los Welser?

La aventura alemana duró 17 años y pasó con mucha pena y poca gloria. No se fundó ninguna colonia alemana, aunque se dice que en el lugar donde se levanta Lagunillas, algunos alemanes desertaron y se unieron a mujeres indígenas con las que formaron familia (12). Se especula también, que el apellido zuliano Belzares proviene del término  Welser. Otros apellidos locales Rambsbot (de Remboldt) (12) y Vielma (de Wiellgman) son de origen alemán pero posteriores a los Welser (38).

El legado de los Welser

Por supuesto, que a estas tierras no llegó don alguno del renacimiento, para entonces en plena evolución en tiempo de los Habsburgo, ni las sacudidas intelectuales de la reforma luterana, ni siquiera el humanismo en boga por las tierras de Bohemia, Moravia y Silesia (39). A Maracaibo nunca llegará nada de cultura en tiempos de la conquista y de la colonia; lo que vino fue pura sed de aventura, conquista y riqueza (39).

Bismark, el nazismo y los Welser

Según informaciones recogidas por Holger Herwig, durante la creación del Imperio Alemán por Bismarck (1871-1914), se trató de resaltar la actuación de los Welser con la intención de extender el imperio germánico en varios continentes y, específicamente, en Venezuela (40). Años más tarde, la propaganda del nacional socialismo llegó a señalar la aventura de los Welser como el primer testimonio en el Nuevo Mundo de la vocación colonizadora de los alemanes (40). En 1933, Jorge Spira tuvo el dudoso honor de ser nombrado “patrono” de una sección de la juventud hitleriana (41).

 

¿Persistencia del poblado de Maracaibo después de los Welser?

Después de la salida de los Welser de Venezuela y ya nuevamente bajo la autoridad española se mencionan los siguientes expedientes relacionados con Maracaibo:

En 1546, el gobernador Juan Pérez de Tolosa informa al rey que en la provincia sólo había dos pueblos: Coro y Maracaibo (14).

En 1549, Pedro de Ursúa, fundador de Pamplona, cuando fija los límites del poblado, lo coloca como a 40 leguas de Maracaibo, pero supuestamente, se refería al pueblo indígena de Maracaibo (42).

1555. La Iglesia de Cristo de Aranza

Según documentos escritos en latín, encontrados enterrados en el piso de la iglesia Cristo de Aranza en 1937, ésta capilla fue terminada de construir en 1555, por el padre Fernando Matos Árraga: “Hoy, del año 1555 de Nuestro Señor, llevamos cuatro años de comienzo de construir, la iglesia en firme de ‘Cristo de Aranza’ para toda la ranchería que es ésta de Arriaga” (16). El nombre de la iglesia proviene del Cristo que alberga, el cual es el de Aranza, procedente de Aránzazu en España. Se presume que el crucifijo que fue a parar justo frente a la ermita que ahora lleva su nombre provino de un galeón que naufragó a orillas del Lago (2). Una segunda versión asegura que fue  construida en 1634 y una tercera en 1818. El historiador Kurt Nagel von Jess, afirma que la versión actual de la iglesia fue edificada por el rico comerciante gallego, José Días Varela (fallecido en 1828), para su hijo sacerdote llamado José Manuel Días Varela y Hevia en 1813 dentro de los límites de su hato “Mirasol” (249). Probablemente la iglesia ya existía para entonces y fue reconstruida por Días. También figura en el Zulia, Nuestra Señora de Aránzazu que es la patrona de Santa Rita.

La Arreaga

El documento de Cristo de Aranza señala que la familia Arriaga “levantó, más hacia el sur, rancherías de pequeños hatos con más de cien, entre indios, nativos y cristianos” (16). Este sector conocido como La Arreaga, situado en el sector Los Haticos aún existe.

1560. Pbro. Jaime Varón

El hermano Nectario María afirma que el presbítero Jaime Varón, quien sucedió al primer sacerdote de Maracaibo Juan Rodríguez de Robledo, estuvo vinculado con Maracaibo desde 1535, hasta su muerte ocurrida en 1560 (11).

  1562. El plano de Maracaibo

Según Juan Besson, existe un plano de Maracaibo fechado en 1562, que fue encontrado en las excavaciones de la casa de la calle Ciencias y que muestra a Maracaibo con cementerio, casa de cabildo, molino y convento (12).

Guaimaral y la princesa Zulia

Cuenta la leyenda que Guaimaral, hijo del cacique Mara o Maracaibo, mientras viajaba cerca de lo que hoy es Cúcuta conoció a la hermosa princesa guerrera de origen motilón llamada Zulia. Era hermosa en cuerpo y espíritu pero también valiente y aguerrida. Los cronistas de la época nos cuentan que era alta y su cintura se movía como los tallos de las palmeras al ser acariciadas por el viento. Zulia era hija del gran cacique Cinera que dominaba en armonía toda la parte del Norte de Santander, en Colombia, hasta que alrededor de 1533, llegó Alfinger a perturbar la paz. Allí empezó la guerra que finalmente culminó con la muerte del gran guerrero indígena a manos de Diego de Montes. Zulia, después de enterrar a su padre, se rodeo de un ejército de soldados aborígenes quienes juraron seguir sus órdenes para luchar hasta morir por sus derechos. En una de estas expediciones la bella princesa conoció a Guaimaral quien se enamoró locamente de ella y entre ambos formaron dos escuadrones: uno bajo el mando de Guaimaral y otro, bajo el mando de Zulia. Ambos batallones se lanzaron contra Diego de Montes en la región de Salazar. En este ataque murieron casi todos los pobladores españoles (16, 43).

Muerte de Zulia

Pero en 1561, los europeos, comandados por el conquistador Diego de Parada, atacaron ferozmente y mataron a todos los indios dirigidos por Zulia incluyendo a la bella princesa. Al conocer Guaimaral la muerte de su esposa a la que amó locamente, muy triste, enloquecido de dolor, sin dirección ni esperanza, tomó rumbo hacia el norte, tal vez buscando consuelo en las tierras de sus antepasados. Y así, en su dolor, mientras caminaba, bautizaba ríos, pueblos y regiones con el nombre de su india amada, como si tratara de sembrar el recuerdo amoroso en la vasta región del Lago. Zulia… Zulia… Zulia… exclamaba sin cesar (16, 13, 43). ¡Y en la pena viajera de un indio toda la tierra nuestra se llenó de tu nombre! Pero la vorágine de la selva se lo tragó para siempre y nunca más se supo de él.

 

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